Rentabilidad en las empresas: una mirada profunda

¿Cómo podemos definir la rentabilidad? Este concepto, de aparente significado unívoco, suele comprenderse de manera incompleta. Veamos la explicación que brinda al respecto Lorenzo Preve, de la Dirección Financiera de IAE Business School.

rentabilidad en las empresas

Comencemos por esbozar una definición: la rentabilidad se mide como lo que un inversor obtiene al cabo de un determinado periodo de tiempo, dividido por el monto invertido al inicio. Para que una empresa (o una inversión) sea rentable, es necesario que la rentabilidad obtenida sea igual o mayor a la rentabilidad esperada por el mismo inversor en el período. La medición puede hacerse de varias maneras, pero es necesario lograr cierta consistencia en el análisis.

Cuando realizamos el cálculo, es clave identificar a quién nos referimos cuando hablamos de inversor. ¿Se trata de un accionista o de un inversor genérico? ¿Distinguimos si es un accionista o un acreedor?

La parte más interesante del estudio de la rentabilidad aparece cuando la descomponemos en sus componentes individuales: Margen x Rotación x Apalancamiento, y seguimos su evolución en el tiempo. El Margen se refiere al resultado sobre ventas que queda tras pagar todos los costos. La Rotación alude a las ventas divididas por la inversión necesaria para lograrlas, mientras que el Apalancamiento refleja cantidad de capital propio y deuda que se usó para financiar la inversión en activos.

Las empresas tienen dos generadores genuinos de rentabilidad: el margen y la rotación. Ambos provienen de la operación del negocio. El apalancamiento es un complemento en la generación de rentabilidad que puede ayudar, pero también puede perjudicar a la empresa, ya que su aumento genera un incremento del riesgo financiero.

Como ya dijimos, el concepto de rentabilidad suele comprenderse de manera incompleta.  El error más frecuente consiste en confundir rentabilidad con margen.  Al referirse a la rentabilidad, muchas personas muestran datos de margen sobre ventas, pero estos dos conceptos son muy diferentes entre si. De hecho, como mencionamos anteriormente, el margen es uno de los tres componentes de la rentabilidad.

Hay empresas que, por sus características, generan rentabilidad a través del margen, mientras que hay otras que lo hacen por su rotación. Otras, en cambio, tienen en el apalancamiento financiero, su principal driver de rentabilidad. Es indispensable aprender a identificar los tres componentes y su consecuente impacto sobre la rentabilidad de una organización.

Trabajar sobre el margen implica intentar aumentar los ingresos y minimizar sus egresos asociados. En este análisis, sin embargo, no se considera la inversión necesaria para la generación del beneficio. Esto quiere decir que podemos tomar decisiones que ayudan a bajar los costos a expensas de aumentar la inversión, lo cual puede incrementar el margen, pero no necesariamente va a mejorar la rentabilidad.

Trabajar sobre la rotación implica mejorar la eficiencia de la inversión, aumentar los ingresos, intentando disminuir los activos, es decir, la inversión necesaria para obtenerlos. No es lo mismo lograr un determinado margen con una inversión alta que hacerlo con una más baja. Trabajar sobre la rotación implica intentar mejorar los niveles de eficiencia de la inversión.

Trabajar sobre el apalancamiento financiero implica hacerlo sobre el mix de fondos que financia nuestra inversión. Al tomar más deuda disminuimos la necesidad de capital propio para financiar nuestras operaciones. En países con mercados financieros eficientes, las decisiones de estructura de capital pueden contribuir a la mejora marginal de la rentabilidad. En los países con mercados de capitales poco desarrollados, la capacidad de generar valor a través de este término de la ecuación es, cuanto menos, discutible. El aumento de apalancamiento, suele aumentar el riesgo del negocio por lo que si bien puede aumentar la rentabilidad, aumenta también la tasa de retorno esperada por los inversores.

En esta línea, el primer paso para lograr la rentabilidad es trabajar en su medición. Frecuentemente encontramos empresas que no tienen estados patrimoniales de gestión; es decir, gestionan solo con el estado de resultados mensual pero no disponen de balances patrimoniales. Como consecuencia, no pueden calcular la evolución de la rentabilidad, sino que se basan solamente en el margen.  Pero esto genera que se pueda trabajar con sólo una de las tres patas de la rentabilidad. Aunque resulte una obviedad, es muy difícil controlar y gestionar lo que no se mide, y la solución es relativamente sencilla; se necesita hacer el análisis completo de la rentabilidad.

 

Liderazgo

Es importante remarcar el vínculo que tiene la rentabilidad con las decisiones directivas que se toman en una empresa. El diagnóstico financiero, basado en el estudio de la rentabilidad y de la evolución de sus componentes en el tiempo, es una herramienta indispensable en este aspecto. En contextos de crisis, es muy fácil encontrar las causas de pérdida de rentabilidad cuando se realiza un desglose del comportamiento de cada uno de sus componentes. De esta forma pueden establecerse las medidas correctivas pertinentes antes de que sea demasiado tarde.

Es común que los directivos tomen decisiones que tiendan a mejorar el margen, pero esas decisiones no necesariamente logran mejorar la rentabilidad. Es más, muchas veces la empeoran, como en los casos en los que por buscar una mejora del margen se perjudica la rotación.

Cabe agregar, en este punto, que la rentabilidad es una responsabilidad de todos los integrantes de una compañía. Las decisiones de todos los miembros de la empresa, más allá de su posición en el organigrama, afectan el margen, la rotación o el apalancamiento; es decir, afectan la rentabilidad de la empresa. Hay una creencia errónea, muy frecuente, que indica que la rentabilidad es responsabilidad del director financiero. Nada más errado.

El cuidado de la rentabilidad es parte de la cultura de la organización. Cada uno de los integrantes de la misma debe comprender el aporte que puede hacer a su construcción (o destrucción) desde su posición. Esta es una de las áreas en la cual es preciso trabajar sobre la capacitación de todos los profesionales.

 

Gestión del riesgo

Todos los análisis de rentabilidad de las empresas suelen olvidar el efecto del riesgo en el negocio. Las técnicas de gestión de riesgo, que nacieron originalmente para la gestión del portafolio de las empresas financieras, se han extendido considerablemente a empresas de varios sectores de la “economía real” a lo largo de la última década, por lo que sugiero que todas las empresas comiencen a considerar el efecto del riesgo en su negocio.

Para una gestión eficiente del riesgo es primordial hacer un buen mapa de riesgo. Este debe ser diseñado con un grupo suficientemente amplio y heterogéneo de gente para lograr que refleje todos los riesgos relevantes. El mapa debe incluir una estimación de probabilidad de ocurrencia y del impacto de los riesgos en la empresa. Adicionalmente, la compañía debe definir qué riesgos desea asumir (y en qué cantidad) y cuáles quiere transferir total o parcialmente a terceros. Mediante el uso de herramientas de cobertura (éstas son las coberturas operativas, los contratos de seguros y los instrumentos derivados), la empresa logrará eliminar aquellos riesgos que no quiere asumir. Es de especial importancia que las empresas comiencen a trabajar en la estructuración y ubicación del departamento de ‘risk management’ dentro de la organización. Estos conceptos están aún bastante poco estandarizados en las organizaciones.

 

América Latina

La problemática de la rentabilidad también debe enmarcarse dentro del contexto en el que las empresas desarrollan sus negocios. Como en muchos otros mercados emergentes, nuestro continente vive varias cuestiones concurrentes. Por un lado vemos tasas de crecimiento importantes, seguidas de recesiones y fuertes desaceleraciones de la economía. Por otro, la disponibilidad de créditos financieros al sector privado es escasa e inestable, por lo que el financiamiento disponible es muy volátil. Normalmente es difícil acceder a un mercado de capitales estable y eficiente que nos permita financiamiento (ya sea deuda o capital propio) de largo plazo, indispensable para financiar el crecimiento estructural de las empresas.

En periodos de turbulencia, ya sea por escasez de financiamiento o por alta inflación, el manejo del capital de trabajo se torna primordial para la obtención de rentabilidad, y en algunos casos para la misma supervivencia de la empresa. Es clave que las empresas tengan una política bien definida de medición y gestión del capital de trabajo.

El Estado, por su parte, debe garantizar reglas de juego claras, estables y confiables para que las empresas puedan tomar decisiones de largo plazo. En ese escenario surgirá un mercado de capitales que permita que los fondos de los inversores sean asignados a los proyectos más rentables de las empresas.

 

En pocas palabras

La rentabilidad es uno de los conceptos elementales en las empresas modernas y uno de los más utilizados por la comunidad de negocios, aunque también es uno de los que se suelen comprender de manera más incompleta. Es lo que buscan los inversores al invertir sus ahorros en las empresas; es, al menos en parte, lo que busca el management con sus decisiones directivas; lo que miden los inversores al decidir si reinvierten sus ahorros en una determinada compañía, o si, por el contrario, retiran sus fondos. A pesar de todo esto, la rentabilidad es, probablemente, uno de los conceptos menos comprendidos por quienes lo utilizan a diario.

En el imaginario popular, un emprendimiento que logra producir ingresos mayores que sus costos, generando resultados positivos, se considera un emprendimiento rentable, aunque esto no siempre es cierto.

Como vimos, la rentabilidad tiene un alcance mucho más profundo y complejo, y es indispensable que el directivo moderno tenga una comprensión cabal de su alcance.

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